sábado, 18 de julio de 2015

La sequía

Viene siendo habitual desde que empecé a escribir, pero aún así no me acostumbro al miedo. Después de un año mucho más fértil de lo habitual, favorecido por unas circunstancias personales y laborales excepcionales, tras las navidades se me secó la voz. Apenas un poema, lleno además de dolor y mentira, de urgencia, desde que concluyera el conjunto que en unos siete meses dio cuerpo a "Movilidad exterior", el poemario que estoy empezando a mover. Adiós a ese estado en el que la realidad que te rodea se filtra por una visión distinta, esa hipersensibilidad tan gozosa. Adiós a esos versos que te asaltan en cualquier circunstancia, en el insomnio o en el rato del café o en el paseo que te ves forzado a interrumpir para buscar un trozo de papel en el que fijar las palabras exactas que con tanta claridad se te han aparecido. Adiós a esa sensación de que todo encaja, los libros que lees y las noticias que lees y los títulos de libros que quieres leer y la memoria de lo que leíste y a lo que te arrojas. Adiós a todo eso con el pánico del que no sabe si volverá, aunque otras veces volvió, pero qué abismo.